Empieza con oración.
Ora por esa persona. Es parte de la cosecha que Dios ya preparó.

Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.

Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos.Lucas 19:10
El mundo está lleno de mentiras, y muchos se han perdido en ellas. Ha llegado el momento de que sean transformados por la verdad del Evangelio. Sé el pescador de hombres que Dios te creó para ser… ¡que no se quede ni uno solo atrás!
Ora por esa persona. Es parte de la cosecha que Dios ya preparó.
Tú lo alcanzaste, tú lo discipulas. Enséñale las bases de la fe.
Acompáñalo a reuniones, redes sociales y la Escuela de Líderes. ¡Eres su guía!
Cada domingo oramos por los nuevos. No perdemos de vista nuestra misión.
Después de cada reunión, aprende a usar la Revista Esperanza y Chispa. Inicia conversaciones evangelísticas y usa herramientas digitales.
Estudia sus conversaciones y aprende de su ejemplo: Juan 4:1-26 (la mujer samaritana), Juan 5:1-15 (el paralítico de Betesda) y Mateo 4:21-22 (el llamado de los hermanos).
Anunciar la buena noticia no tiene que ser una tarea imposible. Una de las formas de hacerlo es a través de estas preguntas y pasos.
Si algo te ocurriese hoy, ¿estás seguro de que irías al cielo? Si responde que sí, pregunta: ¿por qué crees eso? Otra opción: si te paras frente a Dios y te pregunta «¿por qué debería dejarte entrar al cielo?», ¿qué responderías?
Jesús vino del cielo. Nunca pecó y, por lo tanto, merecía la vida eterna.
Todos hemos pecado. Merecemos el castigo del pecado: la muerte, separación eterna de Dios.
Jesús demostró el más grande acto de amor. Tomó el castigo por nuestros pecados; fue crucificado y resucitó de entre los muertos.
La Biblia dice que dejemos nuestros pecados y entreguemos nuestras vidas a Jesús. Es como un matrimonio: dejas a todos para comprometerte con una persona para toda la vida.
Así como en un matrimonio se declaran los votos, la Biblia dice que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Pregunta: ¿quieres hacerlo?
Ofrece guiarlos en una corta oración. Pide que repitan después de ti.
Dios, reconozco que te necesito. Creo que Jesús murió por mis pecados y resucitó. Hoy pongo mi fe en Él como mi Señor y Salvador. Recibo tu perdón y la vida nueva que me das por gracia. Gracias por salvarme. En el nombre de Jesús. Amén.
¡Gózate con ellos! Invítalos y motívalos a tomar el siguiente paso y bautizarse en agua. Invítalos a tu iglesia local y, si es la voluntad de Dios, discipúlalos personalmente.
